La bodega decidió desde sus comienzos, en 1992, que el maridaje de la enología y la cultura contemporánea sería un rasgo imprescindible en su carácter. Fue un desafío arriesgado desde un punto de vista empresarial y desde una perspectiva artística. Pero el triunfo fue incontestable y creó escuela. El concepto acabó por imponerse: las ideas sublimes resultan evidentes una vez que alguien, ENATE, ha tenido el valor de intuirlas.