La historia de Montrose, escrita por tres familias de propietarios durante más de dos siglos, es un reflejo de su espíritu, marcado por su búsqueda de la excelencia y por añadas legendarias. Como pioneros en el Médoc, constructores visionarios y astutos gerentes, atendieron y obtuvieron lo mejor de su terruño único. Son ellos quienes sentaron las bases a las cuales Montrose ahora debe su imagen y su lugar único en el mundo de los grandes vinos. El viñedo de 95 hectáreas (234 acres) rodea el castillo, la bodega y las dependencias en un solo barrido continuo, una característica excepcional e históricamente muy rara. Además de hacer que el viñedo sea más fácil de trabajar, esta unidad significa que puede tratarse como una sola entidad, proporcionando las condiciones ideales para una organización eficiente y para controlar el estado de cada parcela. El terroir de Montrose corresponde a lo que los geólogos llaman “núcleos de élite”. Durante millones de años, un complejo proceso de estratificación geológica dio como resultado la creación de afloramientos, ideales para elaborar vinos finos y garantizar el drenaje natural hacia el estuario.