El origen de los vinos de Bordeaux, como los conocemos hoy en día empezó hace más de dos mil años con los Romanos, que plantaron las primeras vides en la región. Bordeaux fue tierra de invasiones durante 5 siglos y es en 1152 que los vinos de la región empezaron a ser reconocidos por su calidad excepcional, cuando la duquesa de Aquitania se casó con el futuro rey de Inglaterra. En esa época, la aristocracia inglesa empezó a importar en gran volumen los vinos de Bordeaux en barricas vía marítima. La famosa clasificación de los vinos del Medoc en 1855, para la exposición universal en Paris permitió seleccionar los vinos de mejor calidad y tener la base para crear una denominación de origen controlada en 1936.